Poemas de sexo

Algunos puntos en tu cuerpo. Que merecen atención….

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Sentir tu vibración. Viviendo al unísono sin limitación. Resolviendo todo el amor…hoy. El Universo nos regala su Bendición. Conozco esos puntos. Realizar tus sueños. Viendo una vida nueva, mejor. Tan gratificante…tan placentera. Con mucho amor. No sólo hoy. Cada día nuevo. Naciendo una nueva flor. Apreciaras una vida de esplendor. Tu confianza, tus esperanzas,.

La Piraña - DOS POEMAS SOBRE SEXO ORAL / Aleqs Garrigóz /

Sin explicarte el por qué,. Que el amor penetro muy hondo. Muchas veces suelo escuchar. No conozco limitación para expresar lo que. Dicen…los códigos son distintos,. Si el amor es puro, real; los códigos. Un beso muy cariñoso, pasional…rompe. Si de los hombros te tomo y me acerco a tu. Desnuda frente a mis ojos. Acaricio tus senos. Nuestra entrega total. Esto parece un sueño. A mi lujuria dormida, escondida en los genes, te miro, pido tu cuerpo maduro como fruta que al morderla deja mi boca encarnada. Eres una mujer total y entera, no me importa tu pasado, mientras tu futuro sea que busquemos el placer juntos.

No temas.

Ante tu fuego vivo mi carne se deslumbra, y surge castamente entre el temblor rosado de mi liviano traje para poder ser tuya. Ya ves que hasta mis ojos en esta noche tienen fulguración oscura, y en tus rodillas firmes mis manos se desgranan como rosas maduras. Y al enredar tus dedos en mis cabellos claros siento extraña frescura, mientras caen tus besos en mi boca sedienta con la humedad fragante que se raja una fruta. Aspírame despacio Derroche del espíritu en vergüenza la lujuria es en acto, y hasta el acto perjura, sanguinaria, traidora, salvaje, extrema, cruel y ruda: Lo saben todos, pero nadie sabe cerrar el cielo que lleva hasta ese infierno.

Nace en las ingles un calor callado, como un rumor de espuma silencioso. Crece en la sangre un desasosegado, urgente pensamiento belicoso. La exhausta flor perdida en su reposo rompe su sueño en la raíz mojado. Salta la tierra y de su entraña pierde savia, veneno y alameda verde. Palpita, cruje, azota, empuja, estalla. La vida hiende vida en plena vida.

8 poemas eróticos para enamorar

Y aunque la muerte gane la partida, todo es un campo alegre de batalla. Invadirlo, apresarlo, hasta sentir su carne prolongada en la mía, integrada en mi sangre, y sentir por la suya esa lava ya fría del ardor del placer. Hasta su sexo llego como aquellos amantes que ante un cuerpo desnudos oficiaban con fervor y belleza sabiéndose partícipes de Pan y de Afrodita. Ya rendidos, y fríos, y exhaustos, los cuerpos se separan, sus poderes se anulan: Hasta que una mano furtiva se desliza por la piel tan surcada, las piernas se entrelazan, la carne, enmudecida, recupera sus voces, y el sexo, cual un mar saliendo de su calma, se levanta y avanza: Hermosa realidad que devoro insaciable.

Tu brazo temblando arde ya en mi pecho. Entera te has derramado por mis ojos.


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Un roce breve, fugitivo como el ala de una mariposa hizo arder el aire en un instante entre tu cuerpo y el mío. El universo se ocultó a mis ojos y se encerró en un latido. Tus miradas se volvieron mares y sus olas mecieron mi destino. Vive para el placer. Tan solo evoca, en sus largas y trémulas miradas, un abismo de noches desmayadas de los hambrientos besos de mi boca. Siente el vaho del festín. Y se desflora la cabellera en rubias llamaradas, mientras sueña en mis glorias consagradas a su opulencia de bacante loca.

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Y en mi locura, me siento como atado a tu hermosura, y aplaudo sus eróticas quimeras. Y no da órdenes, no exige, cuando quien lo sirve conoce el quehacer; y se entrega con la cabeza baja a lamer el cetro y besar con delicadeza la cifra de ese poderío el escroto guarda algo mejor que al cerebro genial.


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En el carnaval de la vida, la perfección pendular que liberas de tus trusas: Así la vacuidad no existe. Tu pene es la fortaleza donde me escodo; sus venas atrabancan linfas que doblegan al siervo ejemplar, hincado ante la majestad de la carne en su punto: Renunciaría al mundo en el segundo preciso en que, como ola que revienta, tu juguete de hombre regresara a su tersura igualmente amada sin poder volver a educar mi sumisión a tu placer del día.

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